Una ex novicia confirmó maltratos físicos y el uso de cilicios en los conventos religiosos

Sandra Migliore

“No me asombra nada y lo que se puede ver es la punta del iceberg”, aseguró Sandra Migliore, una ex novicia de las Hermanas Educacionistas Franciscanas de Cristo Rey, congregación radicada en San Lorenzo (provincia de Santa Fe), que hace dos años publicó el libro “Raza de Víboras” en el que cuenta sus experiencias de maltratos, abusos sexuales y torturas físicas mientras estudiaba para ser religiosa.

Ratificó las denuncias que realizó la revista ANALISIS y confirmó el uso de cilicios en estos lugares: “La misma persona que acosaba y abusaba de las chicas y de mí, era la misma que les ofrecía y hasta las obligaba y persuadía a utilizar cilicios. No fui una de la elegidas para darme uno, pero he visto las marcas en los cuerpos de mis compañeras”. Asimismo, criticó la respuesta institucional del arzobispado y las opiniones de los diversos obispos que se pronunciaron sobre el tema por considerar que “se está minimizando el tema” y “es una estupidez” decir que los sacrificios y torturas de las monjas se comparan con hacer dieta. Refirió que la vida de las religiosas “es una vida de tanta soledad que no es normal; a nivel físico, psíquico y moral no es normal, no se puede encontrar a alguien equilibrado en un estado de vida así”.

En declaraciones realizadas al programa A Quien Corresponda (Radio De la Plaza) Migliore admitió verse “un poco agobiada con tantas noticias de abusos y de maltrato en los conventos” y aseveró: “No me asombra nada y lo que se puede ver es la punta del iceberg”.

“Todo lo que pasa en un convento no me asombra y no hace más que ratificar lo que conté en mi libro hace más de dos años, en el que escribí sobre una experiencia personal que viví durante ocho años, más algunas anécdotas, basado en acosos y abusos sexuales por parte de las maestras novicias hacia las jóvenes que éramos menores de edad y fuimos a prepararnos para ser religiosas”, contó.

También manifestó que “sobre la tortura, el sacrificio corporal y los maltratos psicológicos, estoy de acuerdo con tu investigación porque hay un capítulo de mi libro donde lo dedico a la utilización de los cilicios como mortificación, describo lo que es y el momento en que lo descubrí”.

Al respecto, rememoró que “la misma persona que acosaba y abusaba de las chicas y de mí, era la misma que les ofrecía y hasta las obligaba y persuadía a utilizar cilicios. No fui una de la elegidas para darme uno pero he visto las marcas en los cuerpos de mis compañeras”. Y agregó: “Fui a pedirle uno y a preguntarle a la maestra de novicias y me dijo que no era para mí, pero me lo dio a probar y llegué a ponerme uno para ver lo que se siente, y he visto la carne marcada de las chicas y hasta me enteré que algunas se auto flagelaban”.

Detalló que “esto sucedía en el año 1985 con la aprobación de la provincial, que en la congregación vendría a ser como la gobernadora de una provincia” y explicó que se trataba de “una congregación abierta que se dedicaba a la educación donde las monjas van trasladándose en diferentes colegios u hospitales. Tiene colegios en Santa Fe; tenía en Rosario el internado de chicas universitarias, en San Lorenzo estaba la casa de formación, en Lanús donde viví muchos años como docente y también en Formosa tenían colegios”. Sobre el caso de Formosa, recordó que “hace unos años una chica fue echada del Colegio por quedar embarazada, y era la misma persona que había sido maestra de novicias y abusaba de las chicas y les hacía usar cilicios”.

Reconoció tener una actitud “bastante combativa con las opiniones hacia la Iglesia y la vida consagrada” porque “me parece totalmente una farsa porque nada es lo que dicen” y pidió “disculpas si se ofende a alguien”. “Para mi es una farsa, y si se sigue investigando en otros lugares son interminables las anormalidades que suceden dentro de un convento”, señaló.

Sobre la respuesta eclesial, comparando las torturas con las dietas para bajar de peso, Migliore cuestionó que “se está minimizando el tema, porque las mujeres sabemos que si uno se somete a una dieta lo hace hasta con gusto si ve los resultados y tampoco es tan mortificante. Me parece una estupidez lo que dice monseñor (Alberto) Puiggari, porque no se puede comparar”.

También criticó que “todo se hace en nombre de Dios; todo es en el nombre de un Dios que si existe y avala todas estas cosas, yo no quiero creer”. “Todo lo catalogan como voluntad de Dios, que Dios pide eso”, añadió.

Analizó que “es una vida de tanta soledad que no es normal; a nivel físico, psíquico y moral no es normal, no se puede encontrar a alguien equilibrado en un estado de vida así. Es una vida de sacrificios; se matan de hambre; no comen; andan descalzos o duermen sobre clavos, pero donde está la cabeza de esas personas, cómo cumplen sus votos de obediencia, como viven su vida de castidad; no es auténtico, viven sin conocerse, sin ayudarse, elucubrando cosas entre ellas”, puntualizó.

Sobre su salida de la congregación, Migliore contó: “Profesé como religiosa y luego me mandaron a Lanús a estudiar magisterio donde encontré monjas muy humanas, que estaban en desacuerdo con las mortificaciones físicas que había vivido, y que eran mujeres que fueron como madres o abuelas”. “La superiora del colegio donde fui a vivir como monja, con el hábito recién puesto, me eligió un buen colegio para estudiar y luego trabaje en ese mismo lugar, el Instituto San Francisco de Asís, pero en mi salida hay un embrollo laboral”.

“Cuando dejé el hábito y volví a ejercer como docente me echaron, otras monjas falsificaron documentación y pusieron un reemplazo porque sin hábito no podía estar frente al colegio. Entonces con alguna maniobra me terminaron borrando y como amenacé con hacer la denuncia me tomaron en negro para realizar tareas administrativas. Finalmente en 1996 me blanquearon y estuve trabajando hasta el 2014 en que me echaron”, rememoró.

“En lo mío hay un problema laboral, que es otro tipo de corrupción de las tantas que se dan en estos lugares: gente en negro, abusos sexuales, robos entre las mismas monjas, malversación de fondos, mortificaciones físicas; todo un abanico de cosas que se van dando en una congregación y que no se condicen para nada con la religión, ni con la voluntad de Dios, ni con la fe, que es el mandamiento del amor”, concluyó.

Fuente: Análisis Digital